El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo El rostro del lienzo parecÃa animado por un espÃritu propio. Le fue imposible descubrir de dónde le venÃa la expresión demonÃaca. HabÃa que experimentar. Las cejas… A duras penas pueden ser las cejas. Pero las alteró. No, no mejoraba, de hecho, en todo caso una pizca más satánico. ¿La comisura de la boca? ¡Bah! Más que nunca impúdica… y ahora, retocada, era siniestramente macabra… ¿El ojo, entonces? ¡Catástrofe! ¡HabÃa cargado el pincel de bermellón en vez de marrón, y sin embargo estaba seguro de que era marrón! El ojo ahora parecÃa haberse metido en su cuenca y le escrutaba con visión de fuego en una ráfaga de pasión; posiblemente con algo del valor que da el pánico pasó el pincel lleno de rojo brillante por todo el cuadro. Entonces ocurrió algo muy curioso, extrañÃsimo ciertamente —si es que ocurrió.
El endemoniado italiano que tenÃa delante cerró los dos ojos, frunció los labios y se quitó el color de la cara con la mano.
Luego el ojo rojo se abrió de nuevo con un sonido como el de separar los labios y el rostro sonrió.
—Eso fue un tanto precipitado por tu parte —dijo el cuadro.
Harringay asegura que ahora que lo peor habÃa sucedido, habÃa recuperado el dominio de sà mismo. TenÃa la secreta convicción de que los demonios eran criaturas razonables.