El Hombre invisible
El Hombre invisible —¡Es una vergüenza! —dijo el señor Bunting desde dentro.
—¡Es una vergüenza! —dijo el señor Henfrey—. Es lo que ha dicho, acabo de oÃrlo claramente.
—¿Quién está hablando? —preguntó Henfrey.
—Supongo que el señor Cuss —dijo Hall—. ¿Puedes oÃr algo?
Silencio. No se podÃa distinguir nada por los ruidos de dentro.
—Parece que estuvieran quitando el mantel —dijo Hall.
La señora Hall apareció en ese momento. Hall le hizo gestos para que se callara. La señora Hall se opuso.
—¿Por qué estás escuchando ahÃ, a la puerta, Hall? —le preguntó—. ¿No tienes nada mejor que hacer, y más en un dÃa de tanto trabajo?
Hall intentaba hacerle todo tipo de gestos para que se callara, pero la señora Hall no se daba por vencida. Alzó la voz de manera que Hall y Henfrey, más bien cabizbajos, volvieron a la barra de puntillas, gesticulando en un intento de explicación.
En principio, la señora Hall no querÃa creer nada de lo que los dos hombres habÃan oÃdo. Mandó callar a Hall, mientras Henfrey le contaba toda la historia. La señora Hall pensaba que todo aquello no eran más que tonterÃas, quizá sólo estaban corriendo los muebles.