El Hombre invisible
El Hombre invisible Durante un momento Kemp se quedó sentado en silencio, mirando a la figura sin cabeza, de espaldas a la ventana. Después, habiéndosele pasado algo por la cabeza, se levantó, agarró al hombre invisible por un brazo y lo apartó de la ventana.
—Estás cansado —le dijo—. Mientras yo sigo sentado, tú no paras de dar vueltas por la habitación. Siéntate en mi sitio.
Él se colocó entre Griffin y la ventana más cercana.
Griffin se quedó un rato en silencio y, luego, de repente, siguió contando su historia:
—Cuando ocurrió esto, yo ya había dejado mi casa de Chesilstowe. Esto fue el pasado diciembre. Alquilé una habitación en Londres; una habitación muy grande y sin amueblar en una casa de huéspedes, en un barrio pobre cerca de Great Portland Street. Llené la habitación con los aparatos que compré con el dinero de mi padre; mi investigación se iba desarrollando con regularidad, con éxito, incluso acercándose a su fin. Yo me sentía como el hombre que acaba de salir del bosque en el que estaba perdido y que, de repente, se encuentra con que ha ocurrido una tragedia.
