El Hombre invisible
El Hombre invisible —Janny —le dijo—. Henfrey tenÃa razón en lo que decÃa. Él no está en su habitación. Se ha ido. Los cerrojos de la puerta están descorridos.
Al principio la señora Hall no entendió nada, pero, en cuanto se percató, decidió subir a ver por sà misma la habitación vacÃa. Hall, con la botella en la mano todavÃa, iba el primero.
—Él no está, pero sus ropas sà —dijo—. Entonces, ¿qué está haciendo sin sus ropas? Éste es un asunto muy raro.
Como quedó claro luego, mientras subÃan las escaleras de la bodega, les pareció oÃr cómo la puerta de la entrada se abrÃa y se cerraba más tarde, pero, al no ver nada y estar cerrada la puerta, ninguno de los dos dijo ni una palabra sobre el hecho en ese momento. La señora Hall adelantó a su marido por el camino y fue la primera en llegar arriba. En ese momento alguien estornudó. Hall, que iba unos pasos detrás de su esposa, pensó que era ella la que habÃa estornudado, pues iba delante, y ella tuvo la impresión de que habÃa sido él el que lo habÃa hecho. La señora Hall abrió la puerta de la habitación, y, al verla, comentó:
—¡Qué curioso es todo esto!