El Hombre invisible
El Hombre invisible Los hombres se apelotonaron a derecha e izquierda, mientras que los dos combatientes se dirigÃan hacia la puerta de entrada. Al llegar, bajaron rodando la media docena de escalones de la posada. Jaffers seguÃa gritando con voz rota, sin soltar su presa y pegándole rodillazos, hasta que cayó pesadamente, dando con su cabeza en el suelo. Sólo en ese momento sus dedos soltaron lo que tenÃa entre manos.
La gente seguÃa gritando excitada: «¡Agárrenlo! ¡Es invisible!». Y un joven, que no era conocido en el lugar y cuyo nombre no viene al caso, cogió algo, pero volvió a perderlo, y cayó sobre el cuerpo del policÃa. Algo más lejos, en medio de la calle, una mujer se puso a gritar al sentir cómo la empujaban, y un perro, al que, aparentemente, le habÃan dado una patada, corrió aullando hacia el patio de Huxter, y con esto se consumó la transformación del hombre invisible. Durante un rato, la gente siguió asombrada y haciendo gestos, hasta que cundió el pánico y todos echaron a correr en distintas direcciones por el pueblo.
El único que no se movió fue Jaffers, que se quedó allÃ, boca arriba y con las piernas dobladas.