La Guerra de los Mundos
La Guerra de los Mundos Después que me hube separado del artillero, descendà la colina y tomé por la calle High cruzando el puente hasta Fulham. La hierba roja crecÃa profusamente en aquel entonces y cubrÃa casi todo el puente, pero sus hojas presentábanse ya descoloridas en muchas partes, vÃctimas, sin duda, de la enfermedad que poco después las habrÃa exterminado.
En la esquina del camino que dobla hacia la estación de Putney Bridge encontré a un hombre tendido en el suelo. Le cubrÃa por completo el polvo negro y estaba vivo, pero se encontraba completamente borracho. No pude sacarle más que maldiciones, y cuando me aproximé quiso atacarme. Creo que me habrÃa quedado con él de no haber sido por el aspecto brutal de sus facciones.
HabÃa polvo negro en todo el camino desde el puente en adelante, y en Fulham abundaba aún más. En las calles reinaba un silencio impresionante. Conseguà algo de comer en una panaderÃa del barrio. Ya en dirección a Walham Green, las calles estaban libres del polvo, y pasé frente a un grupo de casas que ardÃan; el ruido del incendio me resultó agradable en medio de tanto silencio. Al seguir hacia Brompton volvió a deprimirme la quietud reinante.
