La Guerra de los Mundos
La Guerra de los Mundos Y ahora llega la parte más extraña de mi relato. Y, sin embargo, quizá no sea del todo extraña. Recuerdo clara, frÃa y vÃvidamente todo lo que hice aquel dÃa hasta el momento en que me hallé parado, llorando y alabando a Dios, sobre la cima de Primrose Hill. Lo demás no lo recuerdo…
De los tres dÃas siguientes no sé nada. Después me enteré de que no fui yo el primer descubridor de la derrota marciana. Hubo otros vagabundos que lo descubrieron la noche anterior. Un hombre —el primero— habÃa ido a St. Martin’s-le-Grand, y mientras me hallaba yo en el refugio para cocheros, logró telegrafiar a ParÃs. De allà se retransmitió la noticia a todo el mundo. Mil ciudades, aprisionadas por la más terrible aprensión, se iluminaron de pronto; lo sabÃan ya en DublÃn, en Edimburgo, en Manchester, en Birmingham, cuando me encontraba yo parado al borde del pozo.
