La Guerra de los Mundos
La Guerra de los Mundos Se ponÃa ya el sol cuando volvà al campo comunal. Varios grupos diseminados llegaban apresuradamente desde Woking, y una o dos personas regresaban a sus hogares. La multitud que rodeaba el pozo habÃase acrecentado y se recortaba contra el cielo amarillento. Eran quizá unas doscientas personas. Oà voces y me pareció notar movimientos como de lucha alrededor de la excavación. Esto hizo que imaginara cosas raras.
Al acercarme más oà la voz de Stent:
—¡Atrás! ¡Atrás!
Un muchacho adelantóse corriendo hacia mÃ.
—Se está moviendo —me dijo al pasar—. Se desenrosca. No me gusta y me voy a casa.
Seguà avanzando hacia la multitud. Tuve la impresión de que habÃa doscientas o trescientas personas dándose codazos y empujándose unas a otras, y entre ellas no eran las mujeres las menos activas.
—¡Se ha caÃdo al pozo! —gritó alguien.
—¡Atrás! —exclamaron varios.
La muchedumbre se apartó un tanto y aproveché la oportunidad para abrirme paso a codazos. Todos parecÃan muy excitados y oà un zumbido procedente del pozo.
—¡Oiga! —exclamó Ogilvy en ese momento—. Ayúdenos a mantener a raya a estos idiotas. TodavÃa no sabemos lo que hay dentro de este condenado casco.
