La Guerra de los Mundos
La Guerra de los Mundos Leatherhead está a unas doce millas de Maybury Hill. El aroma del heno predominaba en el aire cuando llegamos a las praderas de más allá de Pyrford, y en los setos de ambos lados del camino veÃanse multitudes de rosas silvestres. Los disparos, que empezaban mientras salÃamos de Maybury Hill, cesaron tan bruscamente como se iniciaron y la noche estaba ahora tranquila y silenciosa. Llegamos a Leatherhead alrededor de las nueve y el caballo descansó una hora mientras cenaba yo con mis primos y les recomendaba el cuidado de mi esposa.
Ella guardó silencio durante el viaje y la vi preocupada y llena de aprensión. Traté de tranquilizarla diciéndole que los marcianos estaban condenados a quedarse en el pozo a causa de su pesadez y que lo más que podÃan hacer era arrastrarse apenas unos metros fuera del agujero. Pero ella me contestó con monosÃlabos. De no haber sido por la promesa que hiciera al posadero, creo que me habrÃa obligado a quedarme aquella noche con ella. ¡Ojalá lo hubiera hecho! Recuerdo que estaba muy pálida cuando nos separamos.
