La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Moreau no pronunció una sola palabra durante todo el camino, pero su rostro, de marcadas facciones, denotaba una profunda preocupación.
Cruzamos el barranco por el que humeaba el arroyo de agua caliente y seguimos el tortuoso sendero que discurrÃa entre las cañas hasta un claro cubierto de un polvo amarillo que a mà me pareció azufre. Por encima de una loma poblada de maleza asomaba la reluciente superficie del mar. Llegamos a una especie de anfiteatro natural de poca hondura y allà nos detuvimos. Moreau sopló con el cuerno, quebrando la soporÃfera quietud de la tarde tropical. DebÃa de tener buenos pulmones, porque el sonido del cuerno creció y creció, ampliado por sus ecos, hasta alcanzar una intensidad casi insoportable.
—¡Ah! —dijo Moreau, dejando caer el curvado instrumento.