La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau De haber tenido Moreau un fin comprensible, tal vez hubiera simpatizado con él, cuando menos un poco. No soy tan escrupuloso con respecto al dolor. Incluso podría haberlo perdonado. Pero Moreau parecía tan irresponsable, tan profundamente irreflexivo… Su curiosidad, sus insensatas e inútiles investigaciones lo empujaban a continuar ni él mismo sabía adónde, a arrojar a la vida a esas pobres criaturas, por espacio de uno o dos años para luchar, equivocarse, sufrir y, en última instancia, morir con dolor. Aquellas criaturas eran intrínsecamente perversas; su odio animal los incitaba a incordiarse mutuamente, al tiempo que la Ley los refrenaba de librar una encarnizada batalla y del fin definitivo de su animosidad natural.
En aquellos días, mi miedo a los Monstruos se transformó en miedo a Moreau. Caí en un estado mórbido, intenso y duradero, distinto del temor, que ha dejado en mi mente una huella indeleble. Debo confesar que el dolor y el caos de la isla me hicieron perder la fe en la cordura del mundo.