La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Las sucias y parcheadas maricangallas se habÃan tensado antes de que comenzara a soplar el viento, y arriba, en la arboladura, la pequeña embarcación parecÃa llevar todas sus velas desplegadas. El cielo estaba despejado y el sol se hallaba en la mitad de su declive hacia poniente; largas olas que la brisa coronaba de espuma se deslizaban a nuestro ritmo. Pasamos junto al timonel, nos dirigimos al coronamiento de popa y contemplamos la espuma que formaba el agua y las burbujas que bailaban y se desvanecÃan en su estela. Me volvà para comprobar la eslora del barco.
—¿Qué es esto, una casa de fieras flotante? —pregunté.
—Eso parece —respondió Montgomery.
—¿Por qué llevan esos animales? ¿Como mercancÃa, o curiosidad? ¿O es que el capitán piensa venderlos en los Mares del Sur?
—Eso parece, ¿verdad? —repitió Montgomery, volviéndose de nuevo hacia la estela.