La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Era llana y estaba densamente cubierta de vegetación, entre la que abundaba una especie de palmera desconocida para mí. Desde algún lugar de la isla, una fina columna de vapor blanco ascendía sesgadamente por el aire hasta una altura inmensa, deshilachándose luego como una pluma. Nos encontrábamos en una amplia bahía flanqueada en ambos extremos por un pequeño promontorio. La playa era de arena gris y ascendía abruptamente formando una loma, que se alzaba unos 200 metros sobre el nivel del mar, salpicada aquí y allá de árboles y maleza. En mitad de la pendiente había un recinto de piedra cuadrado que, según supe después, estaba hecho en parte de coral y en parte de lava solidificada. Dos techos de paja cubrían el recinto.
Un hombre nos esperaba en la orilla. Cuando aún estábamos lejos, me pareció vislumbrar otras criaturas de aspecto grotesco que se escondían entre los arbustos de la pendiente, pero al acercarnos no vi ni rastro de ellas. El hombre que aguardaba en la orilla era de estatura media y cara negroide. Tenía la boca grande, sin apenas labios, los brazos extraordinariamente largos, los pies delgados y grandes y las rodillas huesudas. Estaba allí de pie, inclinado hacia adelante, sin quitarnos la vista de encima. Vestía igual que Montgomery y el hombre de pelo blanco, con pantalón y chaqueta de sarga azul.