La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau »Además, soy un hombre muy religioso, Prendick, como ha de ser todo hombre en su sano juicio. Puede que yo crea haber visto más caminos del Hacedor que usted, porque he seguido Sus leyes, a "mi manera", durante toda mi vida, mientras que usted, según tengo entendido, se ha dedicado a coleccionar mariposas. Y le aseguro que el placer y el dolor no tienen nada que ver con el cielo o el infierno. ¡Placer y dolor! ¿Qué son sus éxtasis teológicos sino las hurÃes 7 de Mahoma, pero en la oscuridad? Esta reserva de hombres y mujeres agredidos por el dolor y el placer, Prendick, llevan la marca de la bestia, la marca de la bestia de la cual proceden. ¡Dolor! El dolor y el placer serán para nosotros una caracterÃstica sólo mientras nos movamos entre el polvo...
»Ya ve, Prendick, que he llevado a cabo esta investigación siguiendo el curso natural de las cosas. Es el único modo, que yo sepa, en que se puede realizar una investigación cientÃfica. Hice una pregunta, ideé un procedimiento para obtener una respuesta, y el resultado fue una nueva pregunta. ¿Será posible esto o será posible aquello? No se imagina lo que esto significa para un investigador, la pasión intelectual que crece en él.
No se imagina el extraño deleite que estos deseos intelectuales producen. Lo que uno tiene ante sà deja de ser un animal, un semejante, para convertirse en un problema. ¡Dolor simpático! Todo cuanto sé de él lo recuerdo como algo que yo mismo sufrÃa hace años.