La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau Se quedó en silencio. Yo lo miraba sin decir nada. –Desde hace ya veinte años (contando los nueve que pasé en Inglaterra) he seguido adelante con mi trabajo, y todavía hay algo en todo lo que hago que me decepciona, algo que me deja insatisfecho, que me desafía a seguir intentándolo. A veces me supero, otras no lo consigo, pero siempre me quedo muy lejos de alcanzar mi sueño. La forma humana que ahora obtengo con relativa facilidad es ágil y graciosa, o corpulenta y fuerte, pero suelo tener problemas con las manos y con las garras, partes muy dolorosas que no me atrevo a modelar con libertad.
Sin embargo, es la sutil tarea de reorganización del cerebro donde reside mi preocupación principal. La inteligencia de mis criaturas es increíblemente escasa, presenta innumerables fallos y lagunas inesperadas. Pero lo más insatisfactorio de todo es algo que no logro descubrir, algo que reside en el control de las emociones, pero que no sé exactamente dónde se encuentra. Anhelos, instintos, deseos de hacer daño a la humanidad, una extraña reserva oculta que estalla de pronto y llena a la criatura de ira, de odio o de temor.