La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau El Sátiro y el Hombre Mono se quedaron observándonos y haciendo comentarios en voz baja.
–No dice nada –dijo el Sátiro–. Los hombres tienen voz.
–Ayer me preguntó dónde habÃa comida –respondió el Hombre Mono–. No lo sabÃa.
Luego continuaron hablando en voz muy baja y oà que el Sátiro se reÃa. De regreso encontramos un conejo muerto. El cuerpo ensangrentado del pobre animal estaba hecho pedazos y no habÃa duda de que alguien le habÃa roÃdo el espinazo. Montgomery se detuvo.
–¡Dios mÃo! –exclamó, recogiendo algunas de las trituradas vértebras para examinarlas más de cerca–. ¡Dios mÃo! ¿Qué significa esto?
–Que algunos de sus carnÃvoros ha estado recordando viejas costumbres –dije, tras una pausa–. Han roÃdo el espinazo de cabo a rabo.
Lo miró con el rostro blanco como el papel y torció el gesto.
–¡Esto no me gusta! –dijo despacio.
–Yo ya vi algo parecido el dÃa de mi llegada –dije.
–¿Qué demonios era?
–Un conejo con la cabeza arrancada de cuajo.
–¿El dÃa de su llegada?