La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau –Sabes que no tienes nada que hacer aquà –dijo pausadamente–. Tu sitio está en proa.
El hombre se acobardó.
–No... me querrán allà –dijo muy despacio, con voz ronca y extraña.
–¡No te querrán! –exclamó Montgomery en tono amenazador–. Pero yo te digo que vayas.
Estaba a punto de añadir algo, pero de pronto me miró y me siguió escala arriba. Me habÃa detenido a medio camino, observando todavÃa atónito la grotesca fealdad de aquella criatura de rostro negro. Jamás habÃa visto una cara tan repulsiva y poco común, y al mismo tiempo, valga la contradicción, tuve la impresión de haberme topado ya con esos rasgos y gestos que tanto me asombraban. Más tarde se me ocurrió que quizá lo hubiese visto cuando me subieron a bordo, si bien la idea apenas atenuó la sospecha de un encuentro previo. Pero la posibilidad de haber visto un rostro tan singular y haber olvidado el momento preciso era algo que escapaba a mi imaginación.