La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau Zarpé al llegar la tarde, empujado lenta y constantemente por una suave brisa del sudoeste. La isla se hacía cada vez más pequeña, y la delgada espiral de humo se veía ya como una fina raya sobre la cálida puesta de sol. El océano se alzaba a mi alrededor, borrando de mi vista aquella mancha oscura. La luz, fugitiva gloria del sol, comenzó a desaparecer del cielo como una cortina luminosa, y al fin pude mirar el inmenso abismo azul que el sol ocultaba, y observar las flotantes huestes de estrellas. El mar estaba en calma, el cielo estaba en calma; yo estaba a solas con la noche.
