La máquina del tiempo
La máquina del tiempo —Entonces, ahà está el porvenir —dijo el Muchacho Muy Joven—. ¡Figúrense! ¡PodrÃa uno invertir todo su dinero, dejar que se acumulase con los intereses, y lanzarse hacia adelante!
—A descubrir una sociedad —dije yo— asentada sobre una base estrictamente comunista.
—De todas las teorÃas disparatadas y extravagantes —comenzó el Psicólogo.
—SÃ, eso me parecÃa a mÃ, por lo cual no he hablado nunca de esto hasta...
—¿Verificación experimental? —exclamé—. ¿Va usted a experimentar eso?
—¡El experimento! —exclamó Filby, que tenÃa el cerebro fatigado.
—Déjenos presenciar su experimento de todos modos —dijo el Psicólogo—, aunque bien sabe usted que es todo patraña.
El Viajero a través del Tiempo nos sonrió a todos. Luego, sonriendo aún levemente y con las manos hundidas en los bolsillos de sus pantalones, salió despacio de la habitación y oÃmos sus zapatillas arrastrarse por el largo corredor hacia su laboratorio.
El Psicólogo nos miro.
—Y yo pregunto: ¿a qué ha ido?