La máquina del tiempo
La máquina del tiempo La vista era brumosa e incierta. SeguÃa yo situado en la ladera de la colina sobre la cual está ahora construida esta casa y el saliente se elevaba por encima de mÃ, gris y confuso. Vi unos árboles crecer y cambiar como bocanadas de vapor, tan pronto pardos como verdes: crecÃan, se desarrollaban, se quebraban y desaparecÃan. Vi alzarse edificios vagos y bellos y pasar como sueños. La superficie de la tierra parecÃa cambiada, disipándose y fluyendo bajo mis ojos. Las manecillas sobre los cuadrantes que registraban mi velocidad giraban cada vez más de prisa. Pronto observé que el cÃrculo solar oscilaba de arriba abajo, solsticio a solsticio, en un minuto o menos, y que, por consiguiente, mi marcha era de más de un año por minuto; y minuto por minuto la blanca nieve destellaba sobre el Mundo, y se disipaba, siendo seguida por el verdor brillante y corto de la primavera.