La máquina del tiempo
La máquina del tiempo Después de todo, la salubridad y la agricultura de hoy dÃa se hallan aún en una etapa rudimentaria. La ciencia de nuestro tiempo no ha atacado más que una pequeña división del campo de las enfermedades humanas, pero, aun asÃ, extiende sus operaciones de modo constante y persistente. Nuestra agricultura y nuestra horticultura destruyen una mala hierba sólo aquà y allá y cultivan quizá una veintena aproximadamente de plantas saludables, dejando que la mayorÃa luche por equilibrarse como pueda. Mejoramos nuestras plantas y nuestros animales favoritos —¡y qué pocos son!— gradualmente, por vÃa selectiva; ora un melocotón mejor, ora unas uvas sin pepita, ora una flor más grande y perfumada, ora una raza de ganado vacuno más conveniente. Los mejoramos gradualmente, porque nuestros ideales son vagos y tanteadores, y nuestro conocimiento muy limitado, pues la Naturaleza es también tÃmida y lenta en nuestras manos torpes. Algún dÃa todo esto estará mejor organizado y será incluso mejor. Esta es la dirección de la corriente a pesar de los remansos. El Mundo entero será inteligente, culto y servicial; las cosas se moverán más y más de prisa hacia la sumisión de la Naturaleza. Al final, sabia y cuidadosamente, reajustaremos el equilibrio de la vida animal y vegetal para adaptarlas a nuestras necesidades humanas.