Tono-Bungay
Tono-Bungay De pronto, cuando el servicio llegaba a su fin, tuve la sensación de que tenía que decir algo que nadie había dicho, me di cuenta de que ella se había marchado en silencio, sin perdonarme nunca ni haberme escuchado… y de pronto todo esto careció de sentido. De pronto me di cuenta de que no había comprendido. De pronto la vi tiernamente; recordé tantas cosas tiernas y amables que habían brotado de ella cuando nuestras voluntades se habían cruzado, y la forma en que yo había frustrado sus deseos. Sorprendentemente, me di cuenta de que, detrás de toda su dureza y severidad, ella me había amado, que yo era lo único que jamás hubiera amado en su vida, y que hasta aquel momento yo nunca la había amado a ella. Y ahora ella estaba allí sorda y muda para mí, lamentablemente frustrada en sus planes para mí, alejada de mí de tal modo que nunca iba a saber…
Clavé las uñas en las palmas de mis manos, encajé los dientes, y las lágrimas me cegaron, los sollozos ahogaron las palabras que tendría que haber dicho. El viejo párroco siguió leyendo, hubo un murmullo de respuesta… y así llegamos al final. Lloré fuertemente por dentro, y tan solo cuando hubimos salido del patio de la iglesia pude pensar y hablar de nuevo con calma.