Tono-Bungay

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Por lo que ahora puedo recordar, excepto por aquella fase emocional junto a la tumba, pasé por todas esas experiencias de una forma más bien insensible. Con la facilidad de la juventud, cambié mi mundo, dejé de pensar en la vieja rutina escolar, y puse Bladesover a un lado para digerirlo en otro momento. Penetré en mi nuevo mundo de Wimblehurst con la farmacia como centro, me dediqué al latín y a la materia médica, y me concentré en el presente con todo mi corazón. Wimblehurst es una ciudad de Sussex excepcionalmente tranquila y gris, rara entre las ciudades del sur de Londres por estar construida en su mayor parte de piedra. Hallé algo muy agradable y pintoresco en sus limpias calles de adoquines, sus extraños giros y bruscas esquinas, y en el agradable parque que llena uno de los lados de la ciudad. Todo el lugar se encuentra bajo el dominio de los Eastry, y era la influencia y la dignidad de los Eastry lo que mantuvo su estación del ferrocarril a tres kilómetros de distancia del pueblo. La Casa Eastry se halla tan cerca que domina todo el conjunto; uno cruza la plaza del mercado (con su viejo recinto y puestos), pasa junto a la gran iglesia pre-Reforma, un espléndido cascarón gris, como un cráneo vacío del que haya huido la vida, e inmediatamente ahí están las enormes puertas de hierro forjado, y uno atisba a través de ellas y ve la fachada de aquel lugar, muy blanca y amplia y espléndida, al fondo de una larga avenida de tejos. Eastry era mucho más grande que Bladesover, y un ejemplo completamente distinto del sistema del siglo XVIII. Regía no dos pueblos sino un municipio con representación parlamentaria, que había enviado a sus hijos y primos al Parlamento casi como un asunto de derecho durante tanto tiempo como se lo permitió su privilegio. Todos estaban dentro del sistema, todos… excepto mi tío. Él permanecía fuera y se quejaba.


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