Tono-Bungay
Tono-Bungay —Tienen que estar ocurriendo cosas en algún lugar, George —estalló con una nota alta y quejumbrosa mientras volvía a entrar en la pequeña tienda. Trasteó con la pila de cajas vacías de pastillas de jabón de olor y perfumes y cosas así que adornaban un extremo del mostrador, luego se dio la vuelta malhumorado, hundió profundamente las manos en sus bolsillos, y volvió a sacar una para rascarse la cabeza—. Tengo que hacer algo —dijo—. No puedo seguir soportando esto.
»Tengo que intentar algo. Y ponerlo en marcha… Sé que puedo.
»O escribir una comedia. Hay mucho dinero en una comedia, George. ¿Qué te parecería si escribiera una comedia, eh…? Hay muchos tipos de cosas que pueden hacerse.
»O dedicarme al mercado de valores.
Cayó en aquel meditativo silbar tan propio de él.
—¡Por el vino sa-cra-men-tal! —juró—. ¡Esto no está en el mundo… No es más que Sebo de Carnero Frío! ¡Eso es lo que es Wimblehurst! ¡Sebo de Carnero Frío! ¡Muerto y rígido! Y yo estoy enterrado en él hasta los sobacos. ¡Nunca ocurre nada, nadie quiere que ocurra nada excepto yo! Ahí arriba, en Londres, George, ocurren cosas. ¡América! Por los cielos, George, desearía haber nacido en América… donde las cosas zumban.