Tono-Bungay
Tono-Bungay Y mientras caminaba por el Embankment, la primera reacción fue totalmente en contra de mi tÃo. Se encogió —y durante algún tiempo siguió encogiéndose— en perspectiva hasta que fue tan solo un hombrecillo miserable y muy pequeño en medio de una sucia calle secundaria, vendiendo unos cuantos centenares de botellas de porquerÃa a una serie de estúpidos compradores. Los grandes edificios a nuestra derecha, las tabernas y la Junta de Educación —tal como estaban entonces—, la Casa Somerset, los grandes hoteles, los grandes puentes, la silueta de Westminster al frente, poseÃan un efecto de gris enormidad que lo reducÃan a las proporciones de una atareada cucaracha en una rendija del suelo.
Y entonces mis ojos captaron los anuncios, en el lado sur, de «Sorber’s Food», de «Cracknell’s Ferric Wine», unos carteles muy brillantes y prósperos, iluminados por la noche, y me di cuenta de lo sorprendentemente que encajaban allÃ, de cómo formaban evidentemente parte de todo aquel conjunto.
Vi a un hombre salir a paso vivo del patio de Palacio —el policÃa le dedicó un saludo tocándose el casco—, con una chistera y un aspecto sorprendentemente parecidos a mi tÃo. Después de todo, ¿no se habÃa sentado el propio Cracknell en la Cámara…?