Tono-Bungay
Tono-Bungay Y yo deberÃa incluirme en la misma imagen. El mejor fondo para la misma, creo, serÃa el cuarto reservado de Beckenham, porque allà era donde trabajábamos más duramente. Imaginen la habitación iluminada al estilo de principios de los años noventa, con el reloj sobre la repisa de la chimenea señalando la medianoche o más tarde. Nosotros estarÃamos sentados a ambos lados del fuego, yo con una pipa, mi tÃo con un puro o un cigarrillo. HabrÃa vasos en la parte interior del guardafuego de cobre. Nuestras expresiones serÃan muy graves. Mi tÃo acostumbraba a sentarse muy echado hacia atrás en su sillón; los dedos de sus pies se inclinaban hacia dentro cuando se reclinaba asÃ, y sus piernas daban la sensación de estar curvadas, como si no tuvieran huesos o coyunturas, sino que estuvieran llenas de serrÃn.
—George, ¿qué opinas tú del T-B contra el mareo? —preguntarÃa de pronto.
—Nada bueno que pueda imaginar.
—Buf. No cuesta nada probarlo, George. Podemos probar.
Yo darÃa una chupada a mi pipa.
—Es difÃcil de conseguir. A menos que lo vendamos directamente en los muelles. Quizá pudiéramos hacerlo en las oficinas de la Cook o de la Continental Bradshaw.
—Eso no les darÃa confianza, George.