Tono-Bungay
Tono-Bungay Me aferré a ello, y fue algo que me ayudó durante la peor época de mi vida. Mi tío, tras una cierta e indiferente resistencia y una charla con mi tía, se comportó como el padre de un niño malcriado. Fijó un arreglo que me proporcionaba algo de capital con el que trabajar, me liberó de parte de mis constantes obligaciones para que pudiera desarrollar mi nuevo proyecto —este fue el período al que yo más tarde llamaría Moggs en nuestras empresas—, y me dediqué inmediatamente al trabajo con una hosca intensidad.
Pero hablaré de mis máquinas voladoras en su debido momento. He estado abandonando la historia de mi tío demasiado tiempo ya. Deseaba simplemente explicar cómo había emprendido yo aquel trabajo. Inicié esos experimentos después de haber buscado algo que Marion, de alguna forma indefinible, había parecido prometer. Trabajé arduamente y me olvidé de mí mismo por un tiempo, e hice muchas cosas. La ciencia se convirtió también en una especie de amante insensible desde entonces, aunque la serví mejor de lo que serví a Marion. Pero en aquel momento la ciencia, con su orden, su inhumano distanciamiento, sus aceradas certitudes, me salvó de la desesperación.
Bien, aún tengo que volar; pero lo cierto es que he inventado los motores más ligeros de todo el mundo…