Tono-Bungay

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I

El hotel Hardingham, y cómo nos convertimos en gente importante

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Pero, ahora que reanudo la línea principal de mi historia, quizá sea conveniente que describa la apariencia personal de mi tío tal como la recuerdo durante esos magníficos años que siguieron a su paso del comercio a las finanzas. El hombrecillo engordó muy considerablemente durante la creación del montaje del Tono-Bungay, pero con las crecientes excitaciones que siguieron a su primera flotación llegó la dispepsia y una cierta flojedad y enflaquecimiento. Su abdomen —si me dispensa el lector el que tome sus rasgos en orden a su importancia— mostraba al principio una hermosa redondez, pero más tarde perdió su tono, sin perder de todos modos su tamaño. Siempre había parecido estar orgulloso de él, y desear ensancharlo tanto como fuera posible. Al final sus movimientos seguían siendo rápidos y bruscos, y sus cortas y firmes piernas, cuando caminaba, parecían pestañear en vez de andar con el clásico movimiento de tijeras de la humanidad común, y nunca parecía tener rodillas, sino una dispersa flexibilidad de toda la pierna.


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