Tono-Bungay
Tono-Bungay —No le pediré perdón —dije, hablando por primera vez.
Mi madre hizo una pausa, incrédula.
Yo crucé los brazos sobre el mantel, y lancé mi pequeño y perverso ultimátum.
—No le pediré perdón de ninguna de las maneras, ¿entiende? —dije.
—Entonces tendrás que ir con tu tÃo Frapp en Chatham.
—No me importa dónde tenga que ir o lo que tenga que hacer, no voy a pedirle perdón —insistÃ.
Y no lo hice.
Tras lo cual me encontré solo contra el mundo. Quizá en lo más profundo del corazón de mi madre hubiera un poco de piedad hacia mÃ, pero no la mostró. Se puso del lado del joven caballero; intentó, lo intentó muy duramente, conseguir que yo le pidiera perdón por haberle golpeado. ¡Perdón!
No podÃa explicarlo.
Asà que marché al exilio en el cabriolé hasta la estación de Redwood, con Jukes el cochero, frÃamente silencioso, a mi lado, y con todas mis pertenencias personales en una pequeña maleta de tela a cuadros detrás.