Tono-Bungay
Tono-Bungay —Oh, George, querido, me duele el corazón, y no sé lo que digo y hago. Préstame tu brazo para que me apoye en él… Es bueno tenerte a mi lado, querido, y poder apoyarme en ti… SÃ, sé que tú cuidarás de mÃ. Por eso estoy hablando. Siempre nos hemos querido el uno al otro, y nunca hemos dicho nada al respecto, y tú has comprendido y yo he comprendido. Pero mi corazón se hace pedazos ante esto, se hace jirones, y aparecen las cosas que he mantenido en él. Es cierto que no fue mucho un marido para mà al final. Pero era mi niño, George, era mi niño y todos mis niños, mi niño tonto, y la vida lo ha golpeado, y yo no he podido decir nunca nada al respecto; nunca nada; lo ha golpeado y lo ha aplastado, como un viejo odre… ante mis ojos. Fui lo bastante lista para verlo, pero no lo bastante lista para impedirlo, y todo lo que supe hacer fue bromear. Tuve que limitarme a hacer lo que pude. Como la mayorÃa de la gente. Como la mayorÃa de nosotros… Pero no fue justo, George. No fue justo. La Vida y la Muerte… cosas grandes y serias… ¿Por qué no lo dejaron tranquilo, con sus mentiras y su forma de hacer las cosas? Si hubiéramos podido ver la inestabilidad de todo aquello…
»¿Por qué no lo dejaron solo? —repitió en un susurro, mientras regresábamos hacia la posada.