Ethan Frome
Ethan Frome Capítulo VII
Ethan salió al pasillo a colgar sus prendas húmedas. Prestó atención por si oía los pasos de Zeena y, al no oírlos, la llamó a voces desde el pie de la escalera. No le contestó y, tras vacilar unos instantes, subió al dormitorio y abrió la puerta. La habitación estaba casi completamente a oscuras, pero la vio en la oscuridad, sentada junto a la ventana, muy erguida; la rigidez del perfil que se recortaba contra el cristal le indicaba que no se había quitado el vestido del viaje.
—¿Qué hay, Zeena? —aventuró desde el umbral. Ella no se movió y él continuó—: Ya está la cena, ¿bajas?
—No tengo ganas de tomar nada —contestó ella.
Era la fórmula consagrada y él esperaba que siguiese luego, como siempre, la operación de levantarse y bajar a cenar. No obstante, siguió sentada y a él no se le ocurrió nada más feliz que:
—Supongo que estarás cansada después de un viaje tan largo.
Al oír estas palabras, Zeena volvió la cabeza y dijo solemnemente:
—Estoy mucho más grave de lo que tú te crees.
Ethan sintió un extraño escalofrío de asombro… Se lo había oído decir muchas veces…, ¿y si al fin fuera cierto?
