La piedra de toque

La piedra de toque

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPÍTULO X

CAPÍTULO X

Su mujer lo sabía y se empeñaba en ocultarlo. Glennard se vio de pronto en la situación del marinero que cierra los ojos al anochecer y sueña con avanzar las máximas leguas posibles antes de que llegue el día, y que cuando los abre y mira por la portilla no encuentra más que la misma franja de costa. De la exaltación que era fruto de sus deseos, pasó a un estado de irracional apatía. El impulso de confesión había actuado como una droga para su remordimiento. Había intentado echar parte de esta pesadumbre sobre los hombros de su esposa y, ahora que ella le había rechazado tácitamente, sentía que era demasiado pesada para levantarla de nuevo.

Un afortunado intervalo de duro trabajo sirvió de respiro a esta fase de sufrimiento estéril. Viajó al oeste para defender un caso importante, lo ganó y volvió a sus quehaceres habituales. Sus negocios prosperaban tan bien que le ocupaban todo el tiempo libre que su profesión le permitía, y durante unos dos meses apenas tuvo tiempo de enfrentarse a sí mismo. Como es lógico —pues aún no era un experto en los matices de la introspección—, confundió la insensibilidad transitoria con un renacimiento gradual de la salud moral.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker