Santuario
Santuario Ella se daba cuenta, mientras hablaba, de que se estaba aventurando de nuevo mucho más allá de donde él podÃa llegar, a través de sensaciones muy complejas y nuevas incluso para sus propias tendencias exploratorias. Normalmente, Peyton podÃa trazar un atajo a través de tales laberintos y reunirse con su sonrisa al otro lado gracias a su afortunado ajuste a la realidad. Pero ahora ella se daba cuenta, sorprendida, de que se habÃa quedado atrapado en el grueso de su hipótesis.
—¿Es entonces esa diferencia lo que hace que me quieras? —saltó él con una violencia que parecÃa reavivar la fuerza con que agarraba su muñeca.
—¿Qué diferencia?
Él fustigó de nuevo a los caballos, tan bruscamente que a ella se le escapó un gemido, y los llevó hacia arriba, temblando, con un inconsecuente «tranquilos chicos», ante el cual protestaron sus orejas caÃdas y echadas hacia atrás.
—Es porque soy decente y respetable y todo eso por lo que me quieres —siguió él—. Tú… Estás enamorada únicamente de mis virtudes. ¿No eres capaz de imaginar que también podrÃas quererme si me hallara allà abajo, en la zanja, como tú dices, con Arthur?