Santuario
Santuario —No te ofendas, niña mÃa. Tan sólo temo que tu excesiva indulgencia para con Denis, la propia delicadeza de tus sentimientos, pudieran haberte llevado a alentar sus perniciosas ideas. Él dice que te quedaste muy impresionada, como es lógico, como lo estarÃa cualquier muchacha. ¡No te imaginarÃa de otra manera, querida Kate! Es encantador que ambos os sintáis asÃ. De lo más encantador. Pero ya sabes que la religión nos enseña que no debemos dejarnos arrastrar en exceso por la pena. Tienes que permitir que los muertos entierren a sus muertos. Los vivos se deben los unos a los otros. ¿Y qué tenÃa que ver esa desdichada mujer con ninguno de vosotros? Es una desgracia para Denis haber tenido que relacionarse con un hombre del carácter de Arthur Peyton. Pero, después de todo, el pobre Arthur hizo todo lo posible para reparar la deshonra que él mismo habÃa arrojado sobre todos nosotros haciendo a Denis su heredero. Y puedes estar segura de que no tengo la más mÃnima intención de cuestionar los designios de la Providencia. —La señora Peyton se detuvo otra vez y tomó suavemente las dos manos de Kate—: Por mi parte —continuó— veo en todo esto un nuevo ejemplo del hermoso orden de los acontecimientos. Justo después de que la herencia de nuestro querido Denis anulara el último obstáculo para vuestra boda, este triste incidente viene a demostrar lo desesperadamente que él te necesita, y lo cruel que serÃa pedirle que aplazara su felicidad.