Santuario
Santuario En la cena, la señora Peyton recordó con cierto remordimiento que después de todo no habÃa hablado con Darrow de su salud. Él la habÃa distraÃdo al referirse a Dick, y, además, por mucho que le interesaran las teorÃas de Darrow, lo cierto era que su personalidad nunca le habÃa llamado la atención. Siempre le habÃa considerado un mero vehÃculo para intercambiar opiniones.
Fue Dick quien le recordó en cierto modo su descuido al preguntarle si no creÃa que el viejo Paul parecÃa más desmejorado de lo habitual.
—ParecÃa muy cansado —admitió la señora Peyton—. Quise decirle que se cuidara más.
Dick se rió de lo inútil de aquella idea.
—El viejo Paul nunca está cansado. De las veinticuatro horas que tiene el dÃa, Paul es capaz de trabajar veinticinco. Su problema es que está enfermo. Me temo que algo no funciona bien en su organismo.
—Vaya… Cuánto lo siento. ¿Ha visitado a algún médico?
—No quiso escucharme cuando se lo sugerà el otro dÃa. Pero es tan condenadamente reservado que no sé lo que habrá hecho desde entonces. —Dick se levantó, dejando su taza de café y su cigarrillo a medio fumar—. Estoy casi decidido a presentarme en su casa por sorpresa esta misma noche, y ver cómo le va.
