Santuario
Santuario —No. Repasé todos sus papeles. HabÃa muy pocos, y no encontré más dirección que la de su tÃa. —Se recostó en la silla, sin prestar atención a la taza de té que ella le habÃa servido maquinalmente—. Aunque encontré esto —añadió, tras una pausa, sacando una carta de su bolsillo y entregándosela a ella.
Ella la tomó recelosa:
—¿Debo leerla?
—SÃ.
Vio entonces que el sobre, con la letra de Darrow, iba dirigido a su hijo. En su interior habÃa unas cuantas palabras escritas a lápiz, fechadas el primer dÃa de su enfermedad, el siguiente a aquel en que ella le habÃa visto por última vez.
«Estimado Dick», leyó, «quiero que utilices mis planos para el museo si es que puedes sacar algún provecho de ellos. Incluso si llego a salir de ésta, quiero que lo hagas. Yo tendré otras oportunidades, y me da la impresión de que este concurso es muy importante para ti».
La señora Peyton permaneció sentada sin habla, mirando fijamente la fecha de la carta que, de inmediato, relacionó con su última conversación con Darrow. Se dio cuenta de que él la habÃa entendido perfectamente, y esta idea le abrasó el alma.
—¿No es maravilloso de su parte? —dijo Dick.