Canto a mi mismo
Canto a mi mismo ¿qué me queréis decir con vuestros ojos?
Me decís más que cuanto han leído los míos en la vida.
Vagando el día entero me pierdo en el bosque
y mis pasos espantan los ánades, al macho y a la hembra,
que levantan el vuelo juntos
y forman círculos en el aire.
Pienso que sus alas se mueven cargadas de designios,
que el rojo, el amarillo y el blanco de sus plumas tienen un sentido,
que el gris y la cabeza empenachada encierran un propósito…
y no digo que la tortuga es indigna porque no es otra cosa que tortuga.
La chova, que no sabe la escala musical, trina bastante bien para mí,
y la mirada de aquella yegua baya pone en evidencia vergonzosa toda mi ignorancia.
En la noche fría, el ganso salvaje guía la bandada;
su graznido me llega como una invitación.
Acaso el orgulloso no oiga nada,
pero yo que escucho atentamente,
descubro su propósito y su sitio allá arriba,
en el cielo del invierno.
