Canto a mi mismo
Canto a mi mismo y abro de par en par las puertas a la energÃa original de la naturaleza desenfrenada.
Las casas y los aposentos están cargados de perfumes,
los estantes y los armarios están cargados de perfumes.
Aspiro y me complazco en su fragancia,
siento su influjo enervador,
pero me rebelo… Me rebelo y me escapo.
La atmósfera no es un perfume.
No tiene el gusto de las esencias;
es inodora,
está hecha para mi boca
y yo lo absorbo y la adoro como a una novia.
Iré a los repechos donde comienzan los bosques y me desnudaré para gozar enloquecido su contacto.
Me gusta ver el vaho de mi aliento,
las ondas del rÃo,
los hilos de seda que se cruzan entre los árboles,
las horquillas donde descansa la vid.
Me gusta oÃr los ecos,
los zumbidos,
los murmurios de la selva.
Me gusta sentir el empuje amoroso de las raÃces al través de la tierra,
el latido de mi corazón,