Canto a mi mismo
Canto a mi mismo inútil que las rocas plutónicas me lancen su fuego cuando me acerco,
inútil que el mastodonte recule y se esconda bajo el polvo de sus huesos,
inútil que el mar se hunda y los grandes monstruos se agazapen en el fondo del agua,
inútil que el águila se albergue en el picacho que rejonea a las estrellas,
inútil que se arrastre la serpiente entre las lianas y los troncos,
inútil que el antÃlope huya por las veredas escondidas del bosque,
inútil que las alcas de pico afilado naveguen hacia el norte lejano del Labrador…
yo los sigo rápidamente y subo hasta el nido en lo abrupto del acantilado.
Creo que podrÃa volverme a vivir con los animales.
¡Son tan plácidos y tan sufridos!
Me quedo mirándolos dÃas y dÃas sin cansarme.
No preguntan,
ni se quejan de su condición;
no andan despiertos por la noche,
ni lloran por sus pecados.
Y no me molestan discutiendo sus deberes para con Dios…
No hay ninguno descontento,
