Canto a mi mismo
Canto a mi mismo He oficiado con todos estos grupos centrÃfugos y centrÃpetos y ahora me vuelvo y hablo como el hombre que se despoja de estorbos al comenzar un viaje.
Os conozco a todos:
a los abatidos,
a los repudiados,
a los devorados por la duda,
a los sombrÃos,
a los melancólicos,
a los duros de corazón,
a los coléricos,
a los fanáticos,
a los ateos…
Os conozco a todos,
conozco los mares en borrasca
de la angustia,
de la duda,
de la desesperación,
de la incredulidad…
¡Cómo chapotean las aletas heridas!
¡Cómo se retuercen rápidas como el rayo
en espasmos y chorros de sangre!
Serenaos, sangrientas aletas de los incrédulos y de los pobres de espÃritu.
Yo estoy con vosotros también,
también yo llevo clavado mi arpón.
El pasado nos empuja a todos,