Hojas de hierba
Hojas de hierba De dolientes ríos encajonados,
De aquello de mí, sin lo cual yo no sería nada,
De lo que he decidido hacer ilustre, aunque me quede solo entre los hombres,
De mi propia voz resonante cantando al falo,
Cantando el canto de la procreación,
Cantando la necesidad de soberbios niños y, en ellos, de soberbios adultos,
Cantando el ímpetu muscular y la unión,
Cantando el canto del compañero de lecho (¡oh, anhelo irresistible!
¡Oh, para todos y para cada uno, la atracción del cuerpo correspondiente!
¡Oh, para ti, quienquiera que seas, tu cuerpo correspondiente, ese cuerpo deleitándote más que todo!).
Del roer que día y noche me devora,
De momentos elementales, de instantes pudorosos, cantándolos,
Buscando alguna cosa no encontrada, aunque la busqué tantos años,
Cantando el verdadero canto del alma incierta y al azar,
Renaciendo con lo más torpe de la Naturaleza o entre animales;
Con eso, con ellos y con todo lo que los acompaña informo mis poemas,
