Voraz como el mar
Voraz como el mar Berg no respondió. En su mente, los cálculos se formaban con la velocidad de un rayo. No podÃan alejarse… pero sà podÃan cambiar las reglas del juego.
—¡Desenganchen la última pasarela! —ordenó.
—¿Qué? ¡Aún hay gente cruzando!
—¡Háganlo ya!
Los marineros obedecieron a regañadientes, liberando la última estructura justo en el momento en que los últimos evacuados llegaban al Hechicero . La pasarela cayó al mar, hundiéndose en la oscuridad.
Y entonces, Berg tomó la decisión que nadie esperaba.
—¡Avancen hacia ellos!
—¿Qué? —Allen lo miró horrorizado—. ¿Quiere embestirlos?
—Solo lo suficiente para hacerles entender que no somos su presa.
El Hechicero rugió con furia, acelerando en dirección al buque enemigo. Duncan probablemente no lo esperaba. Nadie espera que la presa ataque al cazador.
En el último segundo, el otro barco intentó maniobrar, pero la tormenta lo traicionó. La corriente lo empujó en un ángulo peligroso y su costado impactó contra un témpano colosal. Un sonido de metal desgarrado llenó el aire.