De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel En cuanto a tu carta de respuesta, puede ser tan larga o breve como prefieras. Dirígela «Al director de la prisión real de Reading». Dentro, en otro sobre abierto, incluye tu carta para mí: si empleas un papel muy fino no escribas por los dos lados, pues eso dificulta la lectura. Te he escrito con total libertad. Puedes escribirme del mismo modo. Necesito saber por qué no he tenido noticias tuyas desde agosto de hace dos años, sobre todo después de que en mayo del año pasado, hace ahora once meses, te percataras y admitieras ser consciente de lo mucho que me habías hecho sufrir y de cómo sufría yo. Esperé un mes tras otro tener noticias tuyas. Pero aunque no te hubiese esperado y te hubiese dado la espalda, tendrías que haber recordado que nadie puede darle la espalda al amor eternamente. El juez injusto de los Evangelios acaba pronunciando una sentencia justa porque la justicia llama a diario a su puerta; y de noche, el amigo cuyo corazón no alberga una amistad sincera, se entrega por fin al amigo «por su insistencia».[174] No hay cárcel en el mundo en la que no pueda colarse el amor. Si no lo entendiste, es que no entendiste en nada el amor. Cuéntame lo de tu artículo en el Mercure de France. Ya sé algo de él. Es mejor que lo cites literalmente. Ya está en letras de imprenta. Explícame también los términos exactos de la dedicatoria de tus poemas. Si está en prosa, cita la prosa; y, si está en verso, los versos. No me cabe duda de que será hermosa. Escríbeme con total franqueza y háblame de ti, de tu vida, de tus amigos, de tus ocupaciones, de tus lecturas. Cuéntame lo de tu libro y cómo ha sido recibido. Tengas lo que tengas que decir, dilo sin temor. En suma, no me escribas nada que no sientas. Si hay algo en tu carta que sea falso o fingido lo notaré enseguida.