De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel Sólo me queda decirte otra cosa: no tengas miedo del pasado. Si alguien te dice que es irrevocable, no le creas. El pasado, el presente y el futuro no son más que un momento en la visión de Dios, en la que deberíamos procurar vivir. El tiempo y el espacio, la sucesión y la extensión son meras condiciones accidentales del pensamiento. La imaginación puede trascenderlas y moverse con libertad en la esfera de las existencias ideales. Las cosas también son en esencia lo que decidamos hacer de ellas. Una cosa es según la manera que tengamos de mirarla. «Allí donde otros —dice Blake— no ven más que el amanecer que asoma por encima de las montañas, yo veo a los hijos de Dios gritando con alegría».[176] Perdí irremisiblemente lo que el mundo y yo creíamos que sería mi futuro cuando accedí a mancharme las manos emprendiendo acciones legales contra tu padre; casi me atrevería a decir que, en realidad, lo había perdido mucho antes. Ante mí se extiende mi pasado. Tengo que acostumbrarme a mirarlo con otros ojos y conseguir que el mundo y Dios también lo miren con otros ojos. Eso no puede hacerse ignorándolo, ni menospreciándolo, negándolo o alabándolo. Sólo lo lograré aceptándolo plenamente como una parte inevitable de la evolución de mi vida y de mi carácter: humillando la cabeza ante todo lo que he sufrido. Esta carta, con sus cambiantes e inseguros estados de ánimo, sus desdenes, sus amarguras, sus aspiraciones y su fracaso al conseguirlas, te demostrará con claridad lo lejos que me encuentro del verdadero temple del alma. Pero no olvides en qué escuela tan terrible debo llevar a cabo mi tarea. Y, por imperfecto e incompleto que yo sea, aún tienes mucho que aprender de mí. Viniste a que te enseñara el placer de la vida y el placer del arte. Puede que haya sido elegido para enseñarte algo mucho más maravilloso: el significado del dolor y su belleza. Tu amigo que te quiere,