De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel Debería mencionar que mi esposa vino a verme a la cárcel de Wandsworth y por aquel entonces (octubre del año pasado) me escribió una carta muy conmovedora y afectuosa.[76] Además, al morir mi madre, lady Wilde, vino a darme la noticia en persona[77] y mostró mucha ternura y afecto, pero ya casi hace un año que no la he visto, y la larga ausencia, combinada con influencias hostiles a mí que la rodean, le han hecho tomar cierta postura respecto a mi usufructo y mis ingresos mientras ella viva. Es bastante consciente del profundo afecto que existe entre mis hijos y yo, y en su última carta (21 de noviembre) expresa la esperanza de que «cuando sean mayores se enorgullezcan de reconocerme como padre» y de que reconquiste la posición intelectual que he perdido, así como otros deseos clementes. En una de sus cartas, el señor Hargrove afirmó que tendría que renunciar a las ciento cincuenta libras al año si rompía alguna de las condiciones de la propuesta. Se trata, lo reconozco, de una posición dolorosa y humillante como para desearla. Creo que mi solemne acuerdo debería ser suficiente. La felicidad de mis hijos es mi único objetivo y deseo.