De profundis y otros escritos de la carcel

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Me conmovió y me ayudó inconmensurablemente que me dijeras que algunos amigos míos han dispuesto que durante dieciocho meses tenga lo suficiente para vivir; eso me da un respiro. Pero, por supuesto, no puedo abusar durante toda la vida de aquellos contra quienes no tengo más reivindicaciones que ningún otro de los pobres y desdichados y vagabundos de los que está tan lleno el mundo de Dios. No podría hacerlo. Y puede que viva más de dieciocho meses. Un corazón puede estar roto y, sin embargo, cumplir con sus funciones naturales. El alma puede estar sentada a la sombra de la muerte y, sin embargo, el cuerpo puede andar por los caminos de la vida, y respirar y comer y sentir el sol y la lluvia. No tengo enfermedad orgánica alguna de ninguna clase. Sufro insomnio, pero consigo dormir mis cuatro o cinco horas cada noche. ¿Suponiendo que siga viviendo? No debería sorprenderme en absoluto. Procedo de una raza muy longeva. La familia Queensberry debería tenerlo en cuenta; los Douglas, como los llamamos, pues el otro apellido es aborrecible. En una familia hay deudas de deshonor al igual que hay deudas de honor. Si los bienes de los Douglas van a tener que cargar con una posible demanda por un irrisorio usufructo, que se echen la carga sobre las espaldas. Una familia no puede arruinar a un hombre como yo, y tratar el asunto como un simple tema sobre el que opinar o evocar con las nueces y el vino. La gente, como dice alguien en una de las obras de teatro de Ibsen, no hace esas cosas.[83] Es espantoso que me toque a mí recordárselo. Deberían consultar a su abogado familiar, y dejar que este le comunicara la resolución a mi abogado. Eso es lo único necesario.


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