El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere ¿Cómo está usted, duquesa? ( Se inclina ante AGATHA.)
DUQUESA. - ¡Querido mÃster Hopper! ¡Qué amable en haber venido tan temprano! Todos sabemos lo solicitado que es usted en Londres.
HOPPER.- ¡Londres, magnÃfica ciudad! ¡Aquà no son tan exclusivistas como en Sydney!
DUQUESA.- ¡Ah! Nosotros sabemos lo que usted vale, mÃster Hopper. ¡Ojalá hubiese muchos hombres como usted! ¡Cuánto más agradable y más fácil serÃa la vida! Sabe usted, mÃster Hopper, Agatha y yo estamos interesadÃsimas por la Australia. Debe de ser preciosa; con todos aquellos canguros corriendo por todos lados. Agatha la ha encontrado en el mapa. ¡Qué forma tan curiosa tiene! Lo mismo, lo mismo que un gran paquete. Sin embargo, es un paÃs muy joven, ¿verdad?
HOPPER.- Pero, ¿no fue hecho al mismo tiempo que los demás, duquesa?
DUQUESA.- ¡Bromista! ¡Cuánto ingenio tiene usted, mÃster Hopper! Un ingenio completamente pe-culiar. Bueno; no le detenemos más.
HOPPER.- Pero yo querrÃa bailar con lady Agatha, duquesa.
DUQUESA.- No sé si le quedará libre algún baile.
¿Te queda libre algún baile, Agatha?
AGATHA.- SÃ, Mamá.
DUQUESA.- ¿El próximo?