El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere LORD DARLINGTON.- ¡Admirables! ( Viendo el abanico sobre la mesa.) Y ¡qué maravilloso abanico!
¿Me permite usted que lo vea?
LADY WINDERMERE.- Véalo usted. ¿Es bonito, verdad? Y tiene pintado mi nombre. Acabo de 6
recibirlo. Es el regalo de mi marido. ¿No sabe usted que hoy es mi cumpleaños?
LORD DARLINGTON.- ¿Sí? ¿De veras?
LADY WINDERMERE.- Sí, hoy entro en mi mayor edad. Día importantísimo en mi vida, ¿eh?
Por eso esta noche doy un baile. Pero siéntese usted.
( Continúa arreglando las flores.) LORD DARLINGTON.- ( Sentándose.) Siento no haber sabido que era su cumpleaños, lady Windermere. Habría alfombrado de flores su calle, para que usted las pisara. ¿Qué más hubieran podido desear ellas? ( Pausa breve.) LADY WINDERMERE.- La otra noche, en el baile del Ministerio de Estado, estuvo usted un tanto inconveniente, lord Darlington. Y lamentaría volviese usted a las andadas.
LORD DARLINGTON.- ¿Que estuve
inconveniente, lady Windermere? ¿Pues qué hice?