El Gigante egoÃsta
El Gigante egoÃsta Una mañana, cuando estaba el gigante en su lecho, despierto, oyó una hermosa música. Sonaba tan melodiosa a su oÃdo que pensó que debÃan de ser los músicos del rey que pasaban. En realidad era sólo un pequeño pardillo que cantaba delante de su ventana, pero hacÃa tanto tiempo que no oÃa cantar a un pájaro en su jardÃn que le pareció la música más bella del mundo. Entonces el granizo dejó de danzar sobre su cabeza, y el viento del Norte dejó de bramar, y llegó hasta él un perfume delicioso a través de la ventana abierta.
-Creo que la primavera ha llegado por fin -dijo el gigante.
Y saltó del lecho y se asomó. ¿Y qué es lo que vio?
Vio un espectáculo maravilloso. Por una brecha de la tapia, los niños habÃan entrado arrastrándose, y estaban sentados en las ramas de los árboles. En cada árbol de los que podÃa ver habÃa un niño pequeño. Y los árboles estaban tan contentos de tener otra vez a los niños, que se habÃan cubierto de flores y mecÃan las ramas suavemente sobre las cabezas infantiles. Los pájaros revoloteaban y gorjeaban de gozo, y las flores se asomaban entre la hierba verde y reÃan. Era una bella escena. Sólo en un rincón seguÃa siendo invierno.