El Pescador y su alma
El Pescador y su alma —Cálmate, tranquilÃzate...
Al anochecer del segundo dÃa, l egaron a otra ciudad, y el joven Pescador preguntó a su alma:
—¿Es ésta la ciudad donde baila la muchacha de quien me hablaste?
Y su alma le contestó:
—No, no es esta ciudad, es otra. Sin embargo, entremos.
Y entraron, y comenzaron a vagar por las cal es. Al pasar por el barrio de los vendedores de sandalias, el joven Pescador vio a un niño que estaba de pie, cargando un cántaro de agua. Y su alma le dijo:
—Pégale, hazlo caer.
Y él le pegó al niño, hasta hacerlo caer, l orando. Luego escaparon de la ciudad.
Y cuando estuvieron a una legua de la ciudad, el joven Pescador se irritó y dijo a su alma:
—¿Por qué me hiciste que le pegara a ese niño, siendo eso, como es, una acción vil?
Pero su alma le respondió:
—Cálmate, tranquilÃzate...
Al amanecer del tercer dÃa l egaron a otra ciudad, y el joven Pescador preguntó a su alma:
—¿Es esta la ciudad donde baila la muchacha de quien me hablaste?
Y su alma le contestó:
—SÃ, quizás sea esta la ciudad. Entremos a ver.